GÚIA DE PREVENCIÓN
Los padres tenemos una misión: procurar el bienestar de todos
los miembros de nuestra familia, a través de nuestras actitudes y acciones;sin embargo, muchas
veces carecemos de la información necesaria para cumplirla. Nos basamos únicamente en la
experiencia y en el compromiso que cada uno de nosotros adquirimos para proteger a nuestros hijos
de los problemas que enfrentarán en la vida cotidiana.
Sabemos que algunas dificultades son inevitables, pero
podemos contribuir para que no aparezcan ¡ésto es prevenir!
Así como prevenimos las enfermedades al vacunar, o les
enseñamos la forma de cruzar una calle, podemos también prevenir que consuman drogas, conociendo
los factores que propician una vida saludable, así como aquellos que pueden llevarlos a conductas
de riesgo.
- Carencia de normas claras sobre su comportamiento.
- Falta de afecto genuino en la familia, ausencia de comunicación y respeto
entre los miembros.
- La agresión, indiferencia y alejamiento emocional entre padres e hijos, así
como entre ambos padres.
- Actitud permisiva ante el consumo de drogas, legales (alcohol y tabaco) o
ilegales.
- Limitar la manifestación de emociones y sentimientos.
- Fracaso escolar o fallas académicas. A veces no es culpa del estudiante sino
de circunstancias propias de la familia.
- Poca capacidad de adaptación al entorno social o intolerancia en casos de
frustración.
- Desconocimiento sobre el riesgo real que implica el consumo de drogas.
- Fácil acceso a las sustancias adictivas.
- Tener una idea errónea de que su grupo acepta el consumo de drogas.
- Mal aprovechamiento de su tiempo libre.
- De acuerdo con su edad, asignar responsabilidades para que cada uno de
nuestros hijos se sienta útil.
- Reconocer, en forma explícita, los logros de cada hijo, según sus propias
características y posibilidades.
- Involucrarse en las actividades que les interesan en las diferentes etapas
de su vida.
- Conocer a sus amigos y compañeros de escuela, sin rechazarlos por su
apariencia o por la primera impresión que nos causen.
- Ser tolerante ante los cambios propios de la adolescencia.
- Fomentar la práctica de deportes y actividades culturales.
- Ser congruentes entre lo que se dice y lo que se hace.
- Adoptar, por convencimiento y decisión personal, normas de intolerancia
sobre el consumo de drogas.
- Responder de manera clara y veraz a las dudas de nuestros hijos y, si no
tenemos la información necesaria, solicitar asesoría a un profesional.
Los adolescentes y jóvenes consumen drogas por diversas
razones, unas relacionadas con su forma de ser y de sentirse, otras con la situación de la familia
y la comunidad. Por ello, los padres siempre conservando una actitud de respeto y confianza, si
existe sospecha sobre el consumo de drogas, debemos:
- Hablar abiertamente con el adolescente, o joven, externando nuestra
preocupación, sin agresión y sin temor.
- Buscar ayuda profesional para el joven, sin sentirnos culpables.
Aunque hay gran variedad de elementos que, dependiendo de
cada comunidad,pueden protegerlos, existen algunas costumbres que podemos promover:
- Lazos familiares fuertes, que se demuestran con la comprensión y el apoyo de
todos los miembros.
- Establecer normas claras (no autoritarias), que sean aceptadas por el grupo
familiar como justas y posibles de ser cumplidas.
- Fomentar valores y tradiciones familiares que no acepten el uso de
sustancias adictivas.
- Una relación estecha con quienes trabajan a favor de la comunidad, como la
escuela, organizaciones religiosas, deportivas o humanitarias, otras familias y amistades.
Solicite información y asesoría al
Servicio Telefónico de Orientación
del Consejo Nacional contra las Adicciones
Encontrará respuestas a sus dudas
de manera directa y confidencial,
así como orientación específica
en la búsqueda de tratamientos