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Comuniquese bien y frecuentemente
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Comuniquese bien y frecuentemente

Múltiples tareas, largas jornadas de trabajo y el acelerado ritmo de nuestra vida cotidiana limitan las posibilidades y el tiempo para compartir con la familia y establecer un verdadero y diálogo con nuestros hijos.

Frecuentemente, cuando se nos pregunta acerca de la comunicación que existe con nuestros hijos, fácilmente contestamos: "yo hablo mucho con ellos". Pero, si nos detenemos descubrimos que la comunicación se limita a dar instrucciones "no hagas esto o aquello", "limpia tu cuarto", "termina la tarea". Por ello, es necesario entender lo importante que es crear momentos especiales para compartir con nuestros hijos en familia.

Al abrir espacios para dialogar estamos diciendo a nuestros hijos que nos interesa conocer lo que piensan, que pueden confiar en nosotros sus dudas y temores, "que estamos siempre dispuestos a compartir la información que necesitan o les interesa conocer". En resumen, les demostramos respeto y confianza para dialogar y fortalecemos su autoestima

No siempre es fácil establecer una buena comunicación entre padres e hijos. Pero si aprendemos estilos adecuados para comunicarnos con nuestros hijos, mejores formas de mantener conversaciones con ellos y les dedicamos suficiente tiempo, podremos garantizar el éxito de esta tarea. La calidad de la comunicación es más importante que la cantidad. El problema es que a veces no sabemos cómo hacerlo, no sabemos qué decirles, cómo decirlo, o cuándo decirlo...

¿Por dónde empezar?  
  Aprendiendo tres habilidades básicas y sencillas:

Saber escuchar Escuche

SABER ESCUCHAR

Escuchar es el componente más importnate de una buena conversación, y tal vez, el más difícil. Muy a menudo, cuando decimos que estamos escuchando, damos al mismo tiempo señales que nos contradicen, "si hijo, te estoy escuchando", cuando en realidad estamos concentrados en un programa de televisión; o cuando les interrumpimos a cada rato, convirtiendo en un regaño lo que había empezado como una conversación.

Prácticas sencillas para una buena conversación
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Muestre una actitud positiva frente a su hijo: mirelo a los ojos, asiente con la cabeza, si está sentado incline su cuerpo hacia adelante, entréguele su completa atención.
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Escuche con atención lo que su hijo dice y cómo lo dice. Tenga en cuenta su tono de voz, las palabras que usa, los gestos que hace, el movimiento de su cuerpo, y su estado de ánimo.
 
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Identifique los sentimientos que su hijo está expresando al hablar. No lo interrumpa. Concéntrese en escucharlo. Mientras él habla, no piense en la opinión que usted tiene sobre lo que él está diciendo ni en lo que le contestará cuando haya terminado.
 
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Asegúrese de entender lo que su hijo ha querido decir durante la conversación. Para confirmarlo, repita lo que usted ha entendido. Por ejemplo: "¿Quieres decir que sabes que debes decir 'no' al uso de drogas, pero que no sabes cómo manejar la presión de tus amigos?".
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Si sus hijos observan que usted sabe escucharlos estarán más abiertos a compartir sus sentimientos y sus dudas, usted podrá comprender lo que piensan .

 

Saber observar Observe

SABER OBSERVAR

En las conversaciones con nuestros hijos, la comunicación verbal (lo que hablan) es tan importante como la no-verbal (como actúan). Para poder comprender lo que están tratando de comunicarnos, es necesario observar detalladamente todos los mensajes que nos envían, tanto con sus expresiones corporales como con sus palabras. Saber reconocer estas señales nos ayudará a conocer sus sentimientos.

Permanezca atento

Observe las expresiones corporales y faciales de su hijo. Por ejemplo, si está relajado, sonriente y mirándole a los ojos, o si por el contrario, está nervioso, tiene el gesto fruncido, golpea el piso con sus pies y mira continuamente su reloj. Estas señales mandan claros mensajes que no podemos ignorar.

También es importante enriquecer nuestras señales corporales; miradas, gestos, caricias, apretones de manos, roces o sonrisas. Estas acciones son un lenguaje que nos acerca a nuestros hijos y favorecen la comunicación.

 

Saber hablarHable

SABER HABLAR

Si deseamos que nuestros hijos compartan sus sentimientos, opiniones, temores o dudas con nosotros, debemos tratarlos cariñosamente. También debemos demostrarles calidez cuando queremos expresarles nuestras opiniones o la manera de solucionar conflictos.

¿Qué facilita o entorpece la comunicación?
BUllet
Saber manejar el tono de la voz. Debemos darnos cuenta cuando nuestra voz suena a crítica o burla, o cuando damos la impresión de estar imponiendo órdenes y gritando. Estas tonalidades bloquean la comunicación. Por ello, un tono de voz afectuoso y amistoso forma parte del éxito en la comunicación.
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No ofrecer consejos cada vez que su hijo le habla. Es mejor escucharle con atención y tratar de entender sus sentimientos, y confirmar lo que ha querido expresar.
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No convertir la conversación en un regaño. Usar palabras precisas, frases cortas y comentar sólo lo esencial. Así se evitan los famosos "sermones" que sólo provocan reacciones agresivas.
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Evitar el uso de palabras que sirven para reprochar como "siempre" y "nunca". Por ejemplo: "Siempre haces lo mismo para contrariarme" o "Nunca me ayudas en nada". Estas afirmaciones llevan a sus hijos a optar por reacciones de coraje o actitudes defensivas. En cambio, si les hablamos de nuestros sentimientos creamos una atmósfera positiva y facilitamos la conversación. Por ejemplo: "Siento que no me ayudas lo suficiente: me gustaría que me ayudaras más ordenando tu cuarto".
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Evitar el uso de palabras hirientes o despectivas. La mejor manera de romper el diálogo con su hijo es decirle que es "flojo" o "egoísta".
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Criticar el tipo de comportamiento, no al hijo. No concentrarse sólo en las faltas, asegurarse de halagarle los aspectos positivos. Entendamos que cuando felicitamos a nuestros hijos en lugar de criticarlos, ellos rápidamente aprenden a sentirse bien y seguros de sí mismos.
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Cuando tenemos que responder algo a nuestros hijos es más conveniente utilizar la palabra yo en vez de tú. Con esto abrimos la posibilidad de que nos escuchen porque no les suena a regaño. Al hacer afirmaciones es mejor utilizar la primera persona, por ejemplo: "me molesta mucho que me contestes de esa manera" en vez de "tú siempre tienes esa forma de contestar". Con esta práctica se evita poner al interlocutor en guardia. Una buena forma de responder a su hijo es expresándole sus sentimientos: algo como "estoy preocupada por..." o "entiendo que a veces es difícil...".
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Estas destrezas le ayudarán a tener diálogos más enriquecedores con sus hijos, para guiarlos hacia comportamientos sanos y responsables, y fortalecer su autoestima.

Elementos que facilitan o bloqueqan la comunicación

  • Saber manejar el tono de la voz. Debemos darnos cuenta cuando nuestra voz suena a crítica o burla, o cuando damos la impresión de estar imponiendo órdenes y gritando. Estas tonalidades bloquean la comunicación. Por ello, un tono de voz afectuoso y amistoso forma parte del éxito en la comunicación.
  • No ofrecer consejos cada vez que su hijo le habla. Es mejor escucharle con atención y tratar de entender sus sentimientos, y confirmar lo que ha querido expresar.
  • No convertir la conversación en un regaño. Usar palabras precisas, frases cortas y comentar sólo lo esencial. Así se evitan los famosos "sermones" que sólo provocan reacciones agresivas.
  • Evitar el uso de palabras que sirven para reprochar como "siempre" y "nunca". Por ejemplo: "Siempre haces lo mismo para contrariarme" o "Nunca me ayudas en nada". Estas afirmaciones llevan a sus hijos a optar por reacciones de coraje o actitudes defensivas. En cambio, si les hablamos de nuestros sentimientos creamos una atmósfera positiva y facilitamos la conversación. Por ejemplo: "Siento que no me ayudas lo suficiente: me gustaría que me ayudaras más ordenando tu cuarto".
  • Evitar el uso de palabras hirientes o despectivas. La mejor manera de romper el diálogo con su hijo es decirle que es "flojo" o "egoísta".
  • Criticar el tipo de comportamiento, no al hijo. No concentrarse sólo en las faltas, asegurarse de halagarle los aspectos positivos. Entendamos que cuando felicitamos a nuestros hijos en lugar de criticarlos, ellos rápidamente aprenden a sentirse bien y seguros de sí mismos.
  • Cuando tenemos que responder algo a nuestros hijos es más conveniente utilizar la palabra yo en vez de tú. Con esto abrimos la posibilidad de que nos escuchen porque no les suena a regaño. Al hacer afirmaciones es mejor utilizar la primera persona, por ejemplo: "me molesta mucho que me contestes de esa manera" en vez de "tú siempre tienes esa forma de contestar". Con esta práctica se evita poner al interlocutor en guardia. Una buena forma de responder a su hijo es expresándole sus sentimientos: algo como "estoy preocupada por..." o "entiendo que a veces es difícil...".

Permanezca atento

Durante una conversación, muchas veces, el desacuerdo con lo que estamos escuchando puede terminar con el diálogo. Por ello, es importante que aprendamos a controlar el enojo, y de ser necesario, tomarnos un tiempo prudente para calmarnos antes de continuar. A veces, cuando nos sentimos irritados herimos a quienes más queremos.

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Ultima modificación:
Viernes 28 de noviembre de 2008 a las 14:00 por Arq. Germán Diaz
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